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martes, 22 de abril de 2008

La primera victoria de su vida tras 108 'sets' perdidos

En El País (Deportes) de 22 de abril de 2008

El británico Robert Dee, que tenía el peor registro de tenis profesional, logra ganar un partido

Tres años después de debutar como profesional en mayo de 2005, el tenista británico Robert Dee conquistó por fin la primera victoria de su carrera después de 54 derrotas. El británico tenía en su poder el peor registro del tenis profesional tras haber perdido los 108 sets que ha disputado desde su debut en México, pero finalmente, a sus 21 años, estrenó su casillero de victorias el sábado, ganando al norteamericano Arzhang Derakhshani por 6-4 y 6-3 en la fase de clasificación para el torneo ''Future'' de Reus.

"Llamé enseguida a mis padres, primero le dije a mi madre que había perdido, pero después le dije que me pasara con mi padre y ya le dije que había ganado. Ha sido un respiro, sabía que podía hacerlo, pero a veces lo dudaba", ha declarado al London Evening Standard . En su carrera había disputado torneos en Colombia, Sudán, Senegal o Noruega, pero nunca con victoria, aunque la racha positiva fue corta, tras perder en el siguiente duelo por 6-3 y 6-1 contra el

polaco Artur Romanowski. "Ahora que tengo mi primer triunfo, lo que tengo que hacer es seguir en busca del segundo. Este es sólo un pequeño paso de un largo viaje y estoy decidido, nunca he pensado en rendirme, siempre supe que tenía más dentro de mí que puedo mejorar", añadió Dee, cuya racha de 54 derrotas era la peor desde que el guatemalteco Diego Beltranena perdió los mismos de 1997 a 2005, aunque éste al menos ganó un set.

martes, 11 de marzo de 2008

La venganza de Chikilicuatre

Editorial de El País de 11 de marzo de 2008

Baila el chiki chiki es una parodia, una construcción humorística concebida para resumir lo más mugriento de la música mal llamada popular y ofrecerlo en directo a los espectadores de un programa de televisión. Resulta inapropiado analizar el producto paródico como una canción sensu stricto; y ridículo arrojarse a lúgubres lamentaciones por el hecho de que esta patochada vaya a representar a España en el Festival de Eurovisión. Tampoco es un producto freaky; le redime su primitivo carácter burlesco. Resulta una falsificación consciente del envilecimiento consentido del pop. Tiene morbo comprobar cómo se trasvasan operaciones musicales entre Televisión Española, autora material del delito de reunir a 10 canciones, a cual más estremecedora, en un programa sabatino para elegir al representante ibérico, y La Sexta, la cadena que ha reciclado el chiki chiki en una gamberrada de ámbito europeo. Pero en términos musicales, el esperpéntico baile de Rodolfo Chikilicuatre está aproximadamente al nivel de las torturantes melopeas que ha llevado España a Eurovisión en los últimos 20 años.

La cuestión es si Eurovisión merece algo más que una bufonada. Nadie, a excepción de los sumos sacerdotes del Festival -en España sobreviven unos cuantos-, respondería que sí. En Eurovisión anidan el mal gusto, la música de metacrilato, el pop-rock de garrafón y baladas que parecen balidos. Esta pesadilla de lentejuelas y presentadoras de sonrisa troquelada no tiene redención posible.

Chikilicuatre es un vengador. Los votantes del aquelarre del sábado -Salvemos Eurovisión se llamaba- quieren ajustar las cuentas con el festival más hortera de la galaxia enviando una impostura, un actor caracterizado de cantante tronado con una guitarra de juguete. El cálculo subconsciente de la hinchada chiki chiki es más o menos como sigue: si con canciones azucaradas, jolgorio flamenco y voces atronadoras no conseguimos ganar, facturemos a Chikilicuatre; así sabrán lo que pensamos de Eurovisión y contribuimos a dinamitar un festival deplorable. A ver si hay suerte.